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“Una Guerra Brillante”: Crónica de una producción fallida

  • Foto del escritor: Lu V.
    Lu V.
  • 9 may 2020
  • 7 min de lectura


Una de las películas que esperé con más ansias en los últimos tres años fue lo que al final se intituló en español como “Una Guerra Brillante” (The Current War, 2017), ya que sería estelarizada por mi amorz Benedict Cumberbatch y co-protagonizada por otro de mis conses, Michael Shannon, así como Nicholas Hoult y Tom Holland. La ilusión se volvió desazón debido a las múltiples dificultades que impidieron su estreno en tiempo y forma. Y después de la larga cadena de eventos desafortunados por fin se me hizo verla. Y aunque a estas alturas ya no esperaba mucho, la desazón se convirtió en desilusión.


Todo comenzó con un proyecto que prometía bastante: se presentaría en pantalla lo que en estos días se le conoce como “la guerra de las corrientes”... no, no se trata de una pelea entre esas ‘ladies’ tan populares en las redes sociales, sino al pleito cruzado -y real- que sostuvieron por años Thomas Alva Edison y George Westinghouse por obtener el contrato exclusivo para proveer a toda Norteamérica de luz eléctrica, a finales del siglo 19. El muy dado a los plagios y mañoso Edison pretendía hacerlo utilizando la corriente directa, mientras que el más mesurado Westinghouse apostaba por la corriente alterna. En algún momento Westinghouse esperaba una colaboración entre ambos, quienes para ese entonces se contaban entre los más ricos, poderosos e ingeniosos de la Unión Americana, hasta el colosal descolón que le dio Edison de a gratis, ya que aparte de tramposo, era díscolo y quería llevarse toda la gloria del invento que cambiaría para siempre el estilo de vida de los norteamericanos.


La historia para la pantalla grande prometía mucho. Para la dirección del ambicioso proyecto se eligió a Alfonso Gomez-Rejón, más conocido por producciones televisivas como “Glee” y “American Horror Story”, pero al parecer cumpliría con las expectativas. Había billullo, había talento, había ganas, hasta ahí todo bien. El problema, que en un principio no era problema sino ventaja, fue que la producción corrió a cargo de The Weinstein Co. Sip, la compañía propiedad del infame Harvey Weinstein que ahora pasa sus días encerrado en el fresco bote después de ser sentenciado por violación y abuso de poder, así que desde ahí ya se imaginan por dónde se originó la serie de eventos.


Pero me estoy adelantando: en aquél entonces la compañía de Weinstein contaba con el mayor prestigio en la industria del cine, a pesar de que entre pasillos era bien conocida su reputación de bravucón y acosador de mujeres. Aunque la filmación corrió sin mayores problemas, la post-producción se aceleró al máximo porque por capricho de Weinstein, la cinta debía presentarse a toda costa durante el Festival de Cine de Toronto que se celebraría en octubre de 2017, para así asegurar nominaciones a los premios Óscar en febrero del siguiente año. Weinstein llegó a meter la mano en la edición, y lo que resultó al final fue algo que no convenció ni a la crítica especializada, ni al público que asistió a las proyecciones de prueba. A todos les pareció que la película era demasiado larga, demasiado tediosa y demasiado confusa, y todo indicaba que no sería el rotundo éxito a los que Weinstein estaba tan acostumbrado. Debo aceptar que este señor, como productor, contó durante buena parte de su carrera con el toque mágico de Midas y que sabía muy bien su chamba, después de décadas de experiencia en la industria. Pero para finales de 2017, el Weinstein que era garantía de calidad, ya estaba enfermo de poder, y lo único que buscaba era lana, premios y todavía más reconocimiento personal.


Poco después del fallido estreno de la peli en el Festival de Toronto, se vino lo que todos saben: acusaciones, cargos en contra de Weinstein, y testimonios sobre las cochinadas que cometió este señor con muchas de las entonces aspirantes a estrellas. Fue retirado de su cargo en The Weinstein Co., que de hecho desapareció, y se le despojó de los privilegios que tenía en la industria, entre los que se contaba el Comité de Votación para los premios Óscar. “Una Guerra Brillante” fue su último trabajo terminado, y el anunciado estreno para fines de 2017 fue suspendido por tiempo indefinido, incluso se decía que la cinta nunca vería la luz del día.


Por suerte vinieron otras productoras al rescate para apoyar a Gomez-Rejon en la tarea de devolverle a la película la visión original que tenía este director antes de que Weinstein metiera sus manotas. Al parecer eso no significó mayor problema, al contrario: Cumberbatch declaró que no tenía ningún problema en “esperar hasta que el ‘tufo de Weinstein’ desaparezca para que la cinta tenga el reestreno digno del esfuerzo realizado” (ya no recuerdo de qué entrevista salió esto, pero créanme que sí lo dijo). Ese tiempo también se aprovechó para hacerle una edición de principio a fin: se quitaron las partes que sobraban, se añadieron otras, y por fin, en octubre de 2019, se estrenó la versión final de “Una Guerra Brillante”.


Tristemente, para estas alturas, el daño ya estaba hecho. Después de su estreno en unas cuantas salas, la cinta tuvo suerte de haber sido adquirida para su proyección en Amazon Prime Video, pues aún sin ‘el tufo de Weinstein’ -que en realidad nunca se fue del todo-, el presupuesto para la promoción y distribución de la cinta estaba más que limitado, ya nadie sentía curiosidad por el tema, y más que nada, con tanto quitarle y ponerle, el resultado final se antoja como una suerte de criatura de Frankenstein. Faltan cosas y sobran otras. A mí por ejemplo me faltó un mayor desarrollo de los personajes, y no que se le hubiera tenido que dedicar más tiempo a los mismos, sino que pudieron haberlo hecho con unas cuantas escenas que desafortunadamente Gomez-Rejon no incluyó.


Lo mismo aplica al tema: en una época en la que la luz eléctrica es algo de lo más equis (a menos que se vaya siquiera por unos minutos), y prendemos y apagamos focos docenas de veces al día, la cinta debería de transmitir con mayor fuerza la sensación de asombro de la gente del siglo 19 al ver iluminadas de una forma tan incandescente sus ciudades, sus calles, sus casas. Era como algo mágico que al mismo tiempo aumentó de forma sustanciosa las horas efectivas de actividades que anteriormente terminaban con la puesta del sol. Asimismo, en la cinta tratan de exponer a una vasta audiencia, sin mucho éxito, complicados conceptos como corriente alterna y corriente directa, así que no sabes a ciencia cierta el por qué una es mejor que la otra. Esto lo hacen de forma tan atropellada que uno se queda con cara de signo de interrogación.


Como referencia mencionaré otra película de Cumberbatch: “El Código Enigma”, obrita maestra que también trata un tema complicado como la decodificación automática de los mensajes de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, mediante la fabricación de una máquina concebida por Alan Turing, uno de los padres de la computación moderna. Aunque no te queden muy claros ciertos conceptos (al menos a la primera), lo que te intentan explicar es más que suficiente. Y van más allá, con la situación social del momento, y me refiero a la homosexualidad de Turing, lo cual en ese entonces era considerado como delito en el Reino Unido. “El Código Enigma” te ofrece una trama que conmueve, emociona, y mantiene al espectador al borde del asiento hasta que en el mero final de la cinta terminas chillando. Por cierto, “El Código Enigma” también es producto de The Weinstein Co., por la que Cumberbatch obtuvo su hasta ahora única nominación al Óscar, y por la que el joven Graham Moore lo obtuvo por mejor guión adaptado.


Volviendo a “Una Guerra Brillante”, vemos a Thomas Alva Edison con su esposa y su numerosa prole por un lado, y a George Westinghouse por el otro. Edison, con todo su narcisismo y afán de protagonismo, es un hombre de familia, ama a su esposa y a sus hijos, y sigue adelante a pesar de que la tragedia lo golpea. Westinghouse, más tranquilo pero firmemente convencido de su sistema, no quita el dedo del renglón. Demasiado en el fondo vemos a Samuel Insull, incondicional de Edison, interpretado por Tom Holland, y por otro lado a aquél a quien todos en la actualidad consideran como al verdadero genio de la época: Nikola Tesla, interpretado por Nicholas Hoult, quien en un inicio trabajó para Edison, pero que al comprobar su arrogancia y su nula aceptación hacia sus propuestas para mejorar el sistema de distribución de electricidad, cambia de bando para colaborar con Westinghouse.


Las actuaciones se antojan, por consiguiente, improvisadas, apresuradas, fuera de ritmo. Los acérrimos enemigos Edison y Westinghouse, en mano de dos de los mejores actores del momento, apenas tienen dos escenas juntos, lo cual significó, al menos para mí, en la mayor desilusión. Como dije, Tesla e Insull resultan al final meros paisajes de fondo, y las esporádicas apariciones de mujeres quedan todavía más al margen, a pesar de haber sido pilares esenciales en el desarrollo personal e intelectual de sus respectivos esposos Thomas Alva Edison y George Westinghouse.


Habiendo echado todo este rollo, quizá te resulte contraproducente que te diga que “Una Guerra Brillante” no es mala. Es apresurada, confusa, y la edición pudo haber estado mucho mejor, pero no es mala. El fracaso en taquilla de “Una Guerra Brillante” se lo están atribuyendo a las barrabasadas de Harvey Weinstein, pero en mi opinión, es una resultante de todo lo anteriormente expuesto. Aparte de Weinstein, culpo en mucho a un director a quien el paquete le quedó demasiado grande y que no supo dirigir a tanto actor de primera línea interpretando a tanto genio de primera línea.




Una nota al calce, si no te he aburrido con todo lo anterior: al mismo tiempo del rodaje de esta cinta, supe que también se estaba filmando “The Last Days of Night”, basada en la novela escrita por el anteriormente mencionado Graham Moore, ganador del Óscar por su adaptación de “El Código Enigma”. Se trata de una novela basada en hechos reales sobre el mismo tema, que ya leí y está extraordinaria, mucho más interesante y emocionante precisamente por la inclusión de los elementos novelísticos. Tenía entendido que ya estaba en filmación, con Eddie Redmayne (fuchi) en el papel principal, algo que me sorprendió dada la relación de amistad que sé que se desarrolló entre Benedict Cumberbatch y Graham Moore, pero bueno, la cosa es que consultando el IMDb, dicha cinta continúa en desarrollo, o lo que es lo mismo, quizá tampoco llegue a ver la luz del día. Aún con mis reservas respecto a Redmayne, quizá esta película nos llegue a brindar una nueva oportunidad para maravillarnos por lo que en alguna época se consideró como un milagro, y que ha sentado las bases de la sociedad moderna.


Si te interesan los temas científicos, si quieres saber más sobre los hombres que hicieron historia en los adelantos tecnológicos que ahora se antojan de lo más normal, si quieres ver a algunos de los mejores actores de la actualidad en acción, dale chance a “Una Guerra Brillante”, pues a partir de este mes de mayo puedes verla en Amazon Prime Video. Y si tienes ganas y tiempo, dime por favor qué piensas de la cinta.


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    Lu V.
    SOY AFICIONADA AL cine y la tele, Y me encanta escribir sobre el tema.
    no soy crítica profesional, lo aquí expresado es a título personal

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