"Las Dos Reinas" falla miserablemente
- Lu V.

- 1 jun 2019
- 5 min de lectura
Actualizado: 14 jun 2019
Gran desilusión con esta producción que pudo haber sido mucho más de lo que resultó

"Mary Queen of Scots" (2018) debería haberse traducido al español como "María, Reina de Escocia", pero los genios que titulan las pelis en nuestro país la renombraron "Las Dos Reinas". Seguro no recordaron que ya antes habían hecho lo mismo con "The Other Boleyn Girl", o sea, "La Otra Bolena", pero que en su lugar se le conoce aquí como ... "Las Dos Reinas". El caso es que, como muchos de ustedes saben, la historia sobre la realeza inglesa me chifla por todo lo alto y por eso apenas podía esperar a ver esta peli. El chasco, valga el juego de palabras, fue soberano.
La trama toca uno de los episodios más célebres de la historia inglesa. Después de residir casi toda su vida en Francia, de haberse casado a los 15 años con el rey francés, y de haber enviudado a los 18, María Estuardo regresa a su natal Escocia para ver qué puede acarrear a su molinito. Su idea es llevarse el pastel entero: convertirse en soberana de su nación y de paso, de toda Inglaterra. Técnicamente es viable, ya que por herencia tiene todo el derecho. El problema es que no contaba con la astucia de su prima, la reina Isabel I. Ambas mujeres son igual de ambiciosas, pero Isabel le lleva algunos años en edad, experiencia y callo, además de que cuenta con poderosos aliados y consejeros, es rejega por naturaleza, feroz por herencia, y no se dejará quitar el poder así nomás por una escuincla que llega del extranjero porque de repente le dieron ganas de ser reina, por muy su prima que sea y por mucho derecho que tenga. Un punto central en la disputa por la corona está en el hecho de que Isabel continúa los pasos de su padre, Enrique VIII, para que todo el país adopte la fe protestante que él inició (esa historia se puede ver, entre muchas otras pelis, en la mencionada "La Otra Bolena"), mientras que María es una católica devota y pretende reinstaurar esta religión. Entre las dos se desata una guerra tanto en voluntades como en el campo de batalla. Como dicen, el resto es historia: al ejército escocés le va como en feria, María es acusada de conspirar para asesinar a la reina, es encerrada en la torre más alta que pudieron encontrar, y unos veinte años después, fue ejecutada por alta traición.
Es una historia fascinante por donde se le quiera ver, podría decirse que es el "drama de la vida real" por excelencia, y por eso a cada rato salen películas sobre el tema. El problema es que en esta ocasión, la película no logró transmitir la fuerza de la historia, más que nada porque nunca tiene un camino definido. A momentos es la lucha de poderes entre Isabel y María, pero de repente desaparece Isabel de la pantalla por un buen rato y sólo vemos las barrabasadas de María que anda dispersa por todos lados, entre que juega con sus damas de compañía, trata de procrear un heredero con el inútil de su marido, y batalla con las altas jerarquías de la iglesia en Escocia. A momentos es el enfrentamiento de la católica María con el presbiteriano John Knox, quien la odiaba con odio jarocho precisamente por ser católica, pero aquí se muestra que no la aceptaban simplemente por ser mujer.
En lugar de darnos una visión lo más real posible sobre los usos y costumbres de la época, la directora Josie Rourke optó por hacer una versión demasiado acorde a lo políticamente correcto, en lo que se podría llamar "María e Isabel en la época del #metoo". Asimismo, las inexactitudes históricas son pasmosas. Es cierto que las películas de época no son documentales y que siempre se permiten una cierta cantidad de libertades con fines dramáticos, pero éstas no deberían llegar al grado de irritar y distraer de la trama principal. Aquí María llega a Escocia hablando con perfecto acento escocés, siendo que en realidad esta chava había vivido la mayor parte de su vida en Francia, por lo que debió haber tenido un fuerte acento francés. A Isabel la presentan como una mujer depresiva, blandengue y a merced de sus consejeros.

Y lo peor: una de las escenas finales incluye un supuesto encuentro entre Isabel y María. Todos saben que estas dos mujeres jamás se vieron en la vida real. La versión de "María, Reina de Escocia" de 1971, con Vanessa Redgrave y Glenda Jackson en los papeles principales, también contiene una hipotética reunión entre ambas. Sinceramente nunca he visto esa versión, así que no sé cómo se desarrolló esa ficticia conversación. Pero aquí, lo que debió haber sido un momento de fino drama teatral entre dos muy méndigas mujeres en pugna por la en ese entonces nación más poderosa del mundo, comienza con tips de belleza de la época y el resto va más o menos así:
María: "¡Quiero la corona, la corona me pertenece, dame la corona!"
Isabel: "¡No me da la gana!"
María: "¡Pues vete al cuerno!"
Isabel: "¡Pues tú también!"
Creo que he peleado más fuerte con mis hijos por ver quién se lleva la última porción de lasaña.
Y las actuaciones... 😟 La gringa Margot Robbie, quien me había gustado tanto en "I, Tonya", aquí falla miserablemente como Isabel I de Inglaterra. O sea, ¡es la mera-mera de la nación, reina de reinas! Nunca la interpretó como la fiera que debió ser en la vida real. En su lugar vemos sólo aquellos atributos que la convierten en vil caricatura: envidiosa de la belleza y juventud de su prima, tratando de evadir los deberes de su jerarquía que al contrario, debieron haber sido causa y razón de su existencia. Saoirse Ronan como la mera-mera reina María... confieso que tengo un problema con Saoirse, pues hasta la fecha no hay actuación que me guste de ella. Irónicamente, siento que aquí fue la que mejor actuó, si bien no le pudo dar a la historia suficiente fuerza dado que, como dije, la peli no tiene ritmo ni desarrollo definido, pero pues ahí le hizo su luchita. En papeles menores vemos a Guy Pearce, Adrian Lester, Joe Alwin, quienes por -obvio- ser hombres, los vemos ya sea como malos, o como peleles. Mi papucho personal David Tennant aparece como el reverendo John Knox, y la verdad sí se luce en el breve tiempo que le conceden, pero también como dije antes, lo ponen como el misógino por excelencia, siendo que la principal fuerza de la época, lo que movía montañas y reinos más allá de géneros, era la religión.
En resumidas cuentas: ¡qué decepción! A todas luces se nota que fue un paquetazo difícil de concretar. Pero ahí si la quieren ver, seguro al rato la encuentran en Netflix o en algún canal de cable. Y para un buen peliculón sobre el tema, hay muchas mejores opciones, como "Elizabeth: La Reina Virgen", de 1998, y "Elizabeth: La Edad de Oro", de 2007, ambas protagonizadas magistralmente por Cate Blanchett (digamos que la segunda es una secuela de la primera).




Comentarios