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“Years and Years”: Maravillosa y terrorífica al mismo tiempo

  • Foto del escritor: Lu V.
    Lu V.
  • 6 sept 2020
  • 6 min de lectura

Actualizado: 20 sept 2020




“¿Sabes qué es lo más estúpido que puedes hacer? Enamorarte de un Lyons”


Esta frase la dice un personaje en un momento crítico de la serie, y cuando la escuchas, caes en la cuenta de que resume perfectamente las acciones y consecuencias que ni la misma familia Lyons pudo haber ni previsto, ni proponerse.


Tenía esta serie en mi lista de pendientes a largo plazo, pero cuando leí los comentarios de un respetado amigo en Facebook, y dado que la serie es inglesa, la puse en primer lugar. Resulta que es maravillosa, fantástica, una joya, nivel Dios y más allá, pero es tan intensa y te deja, de cierto modo, con un pesar tan hondo, que horas después de terminarla todavía me pregunto si fue buena idea verla. Decidí que sí lo fue, pero en el entendido de que quizá no es para todos.


Years and Years” (2019) narra la historia de los Lyons, con la peculiaridad de que esta historia inicia en nuestro presente, en el año 2019, y de ahí se arranca hacia los años por venir. La familia, originaria y en su mayor parte residente de Manchester, está compuesta por cuatro hermanos: Stephen (Rory Kinnear), el mayor, es un exitoso consejero financiero que vive en Londres con su esposa Celeste (T’Nia Miller) y sus hijas Bethany -una historia en sí- y Ruby; le sigue Edith (Jessica Hynes), una activista política que se la vive recorriendo el mundo y que en los últimos años no ha visto a su familia más que en videoconferencia. Daniel (Russel Tovey) trabaja en un programa del gobierno para proveer viviendas a indocumentados, y cuando comienza la serie está a punto de contraer nupcias con su prometido Dino; y la menor de los hermanos, Rosey (Ruth Madeley), quien a pesar de estar confinada en una silla de ruedas a raíz de su enfermedad (espina bífida), es alegre, de espíritu libre, y madre soltera de dos hijos de diferentes padres. La matriarca de la familia es la abuela Muriel (Anne Reid), pues la madre de los hermanos ya falleció, y están distanciados de su padre.



La serie inicia como una divertida comedia, con el nacimiento del hijo menor de Rosey. Daniel, al cargarlo, le dice, un tanto para sí: “Si las cosas están mal ahora, ¿cómo serán para ti?”. Aún así, los acontecimientos alrededor del mundo son todavía un telón de fondo. A lo largo de seis sólidos capítulos de una hora cada uno, el tono va cambiando hacia algo mucho más serio, al mismo tiempo que los conflictos que antes se antojaban lejanos, van ganando protagonismo. Poco a poco va surgiendo en las pantallas de la televisión inglesa una mujer, Vivienne Rook (Emma Thompson), que participa en debates políticos, y quien a través de afirmaciones contundentes, palabrotas frente a las cámaras y propuestas controversiales, se hace de cada vez más adeptos,a pesar de la ignorancia que muestra al carecer de una formación política formal. ¿Les suena conocido?



Emma Thompson como Vivienne Rook

Volviendo a los Lyons: podría decirse que con todo y su mecánica intrafamiliar un tanto disfuncional, son chidos, se quieren mucho y son relativamente felices. Sin embargo, el mundo cambia a pasos tan agigantados, que los Lyons apenas están digiriendo algo cuando ya se les presenta otra calamidad. Creen estar en sintonía con lo que les rodea, creen haber superado los prejuicios más álgidos de este siglo. Pero muchos imprevistos ponen de cabeza sus vidas y sus planes a futuro. Las nuevas tecnologías crecen a un ritmo tan acelerado, que lo que ellos creían se limitaba a divertidas redes sociales y aplicaciones facilitadoras de tareas, los rebasa; sin aviso, tal o cual app los devora de un bocado. Los conflictos entre países distantes que en un inicio veían sin mucho interés en la televisión, llegan a tocar a sus puertas; su privilegiada posición como profesionistas preparados en un país primermundista, desde la cual se creían inmunes a los peores problemas de la sociedad (de hecho, Edith y Daniel trabajan activamente por un mundo mejor), los pone de rodillas hasta obligarlos a pedir clemencia.


“Recuerdo cuando las noticias en la tele eran aburridas. Ahora tiemblo solo de pensar en lo que nos dirán.”


Uno de los grandes logros de “Years and Years” es la forma cómo nos muestra el desarrollo de los personajes a través de los años, desde lo más feo de cada uno, hasta lo más noble. El otro gran logro fue el haber identificado los puntos clave de la dinámica político-social generadora de crisis mundiales. La serie nos muestra, de forma a veces divertida, a veces cruel, un potencial futuro, sin llegar a lo enteramente distópico, y probablemente fue creada como una llamada de atención a la humanidad. La cosa es que a raíz del COVID-19, el escenario de catástrofe, podredumbre y crisis financiera, prevista por la serie para los próximos años, lo estamos viviendo AHORA. Eso es lo que estremece. Eso es lo que te deja sin palabras.


Tus mayores temores, el ambiente de muerte, enfermedad y pobreza los estamos viviendo en carne propia, y a nivel global. Ejecutivos con puestos respetables que de la noche a la mañana se quedan con nada y -si bien les va- ahora deben entregar paquetería en bicicleta para ganar un salario ínfimo y llevar algo de comer a sus familias; el cambio climático golpea al mundo con cada vez mayor ferocidad; inmigrantes de naciones con gobiernos represivos que quieren llegar a Europa bajo condiciones iguales o peores que las que sufren los inmigrantes en América para llegar a los Estados Unidos; cierre de fronteras, zonas, vecindarios, límites impuestos por el hombre mismo. Y dado que los gobiernos aprovechan al máximo las nuevas tecnologías, sus herramientas de control son cada vez más eficientes y desalmadas.





“...porque el mundo se torna cada vez más ardiente. Y rápido. Y loco. Y no ponemos pausa, no pensamos, no aprendemos, corremos hacia el siguiente desastre. Me pregunto, ¿qué sigue? ¿Hacia dónde vamos? ¿Cuándo terminará esto?”


El director Russell T. Davies nos ofrece algo de lo mejor que se ha visto en años en la televisión. Puedo comparar un poco esta con las primeras temporadas de “Black Mirror”, cuyo primer capítulo, incidentalmente, está protagonizado por Rory Kinnear. El desarrollo es casi impecable, aunque tiene sus defectillos, por ejemplo, ese gran conflicto entre China y Estados Unidos, que en el primer capítulo es esencial, pero que a lo largo de la serie parece ya no tener mayores consecuencias, y de hecho, los problemas sociales se van haciendo cada vez más locales.



Igual la línea argumental entre Daniel y Viktor Goraya (Maxim Baldry): está bien que quieran mostrar que la homosexualidad se sigue considerando como crimen en ciertos países, y que las leyes a favor de su despenalización pueden cambiar de un día a otro, incluso hoy en día, pero vamos… Europa está conformada por más de 50 países, muchos de los cuales son mucho más abiertos que las pocas opciones mostradas en la serie. Daniel y Viktor, con su inteligencia y sus credenciales, pudieron haber evitado el suplicio y la tragedia que sufrieron.


Asimismo siento que en aras de la inclusión, los Lyons son una familia como las que sólo puedes ver en la televisión: un matrimonio interracial, un homosexual, una trans (no diré trans-qué para no spoilear), una parapléjica madre soltera, una activista, un refugiado de Ucrania y un creyente de las teorías conspiratorias más disparatadas. Y entre todo el protagonismo de los adultos, muy de relleno están los niños que apenas llegan a decir diez palabras.


Sin embargo, siento que la serie es más contemplativa que fáctica, y trata de mostrar en una sola familia lo que muchas otras viven desde tal o cual ángulo.


Los diálogos son extraordinarios, repletos de frases que se te quedan grabadas. Las actuaciones, con excepción de Maxim Baldry, a quien sentí muy tibio, son excepcionales. ¿Qué se puede decir de Emma Thompson que no se haya dicho ya? Mejor menciono a quienes se llevan las verdaderas palmas: Rory Kinnear y Russel Tovey, quienes son ya una institución en el cine y teatro inglés.


(Información de interés sólo para fans de Benedict Cumberbatch y que pongo aquí porque me incluyo entre sus fans, y porque puedo: ambos actores ya han actuado al lado de Cumberbatch. Rory Kinnear es el detective que delata a Alan Turing en “El Código Enigma”, mientras que el chorejas Tovey es el atormentado Henry en el capítulo “Los sabuesos de Baskerville” de la segunda temporada de la serie “Sherlock”. Fin del breviario cultural).


Cuando comencé esta reseña, la semana pasada, me costó trabajo escribir sin derramar lágrimas, porque hubo momentos que de plano me hicieron chillar. Es tanto lo que hemos vivido en los últimos meses, y es tan certero lo que te muestra esta serie, que si lo que quieres es llegar a tu casa para ver algo que te haga olvidar esta realidad, mejor no la veas. Es válido, de hecho yo lo hago muchas veces. Pero, ¿sabes qué puedes obtener si ves “Years and Years” hasta el final? Que lo que más importa en esta vida es el amor, sin importar fronteras, razas, edad, religión o preferencia sexual. El amor hacia tus seres más cercanos, el amor hacia la vida, el amor hacia ti mismo. Sí, la evolución nos provee del instinto de supervivencia, pero quizá por eso mismo nos dotó de eso que llaman amor: para enfrentarnos contra quienes nos quieren destruir y seguir adelante, por nosotros y por esos que tanto amamos. Sin embargo, no debemos olvidar el potente discurso de la abuela Muriel en el último capítulo…


“Este es el mundo que ustedes han construido. ¡Felicidades! ¡Salud!”


Por ahí vi indicios de que quizá habrá una segunda temporada, pero no puedo asegurar nada, y por el momento, me quedo con ésta. Si tienes HBO, o una página ‘alternativa’ de confianza, no te pierdas “Years and Years”. Neta.





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    Lu V.
    SOY AFICIONADA AL cine y la tele, Y me encanta escribir sobre el tema.
    no soy crítica profesional, lo aquí expresado es a título personal

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