The Act - Miniserie nivel Joya
- Lu V.

- 11 jul 2020
- 7 min de lectura
Actualizado: 18 jul 2020

Me animé a contratar el canal de streaming Starzplay porque recién en julio se estrenó ahí la serie “The Great”, de la cual leí excelentes críticas y de lo que vi del trailer, parecía ser una divertida sátira sobre Catalina La Grande. Después de llevarme un reverendo chasco del cual probablemente les hablaré en otra ocasión (si tengo tiempo y ganas), decidí mejor aprovechar la suscripción para ver “The Act”, que también tuvo buenas críticas y cuyo tema parecía interesante. Y así de sorpresa, me eché casi de una sentada lo que considero la mejor miniserie que he visto desde “Chernobyl”.
En algún momento de la carrera de Psicología, me interesé mucho por un tal “Síndrome de Munchhausen por Poder” del que se hablaba mucho en Estados Unidos, y que me era tan fascinante como aterrador. Para una clase que debía de dar como alumna, me acerqué a uno de mis profesores preferidos para consultar con él lo que había leído sobre este síndrome; al no ser la psicología clínica una de sus especialidades, no me peló mucho y descartó el tema diciendo que probablemente se trataba de “una jalada gringa”. Ni me ofendí, ni me desanimé, y al contrario, su enfoque me hizo ser más cuidadosa con mis juicios y lecturas. Lo cierto es que el susodicho síndrome entretanto ya fue reconocido y clasificado en el DSM-V (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), aunque bajo el nombre de Trastorno Facticio Infligido a Otro. Pero lo que el maestro me hizo comprender, es que para tener una mejor comprensión del paciente, muchas veces hay que hacer de lado las etiquetas para poder ver a la persona como un todo: sus orígenes, su forma de pensar, sus acciones, y a veces, las patologías que conviven cómodamente unas con otras.
Y todo este rollo para decir que “The Act” (2019) con frecuencia se resume como una serie que trata sobre uno de los casos más conocidos sobre el síndrome de Munchhausen (ni siquiera se molestan en consultar el nombre actual), siendo que sus ocho capítulos exploran brillantemente cada uno de los aspectos, tanto patológicos como sociales, que llevaron a una tragedia que se suscitó en la vida real.
Literalmente, desde el primer minuto la historia te atrapa: después de ver unos perturbadores mensajes en Facebook, las vecinas llaman a la policía porque sienten que algo anda muy mal en la casa que habitan Dee Dee Blanchard y su hija Gypsy Rose. La policía descubre al entrar un horrendo crimen sobre el cual sabremos los pormenores mediante flashbacks a lo largo de todos los capítulos. Para las vecinas, todo inicia 7 años atrás, cuando Dee Dee y Gypsy se mudan a la hermosa casita color de rosa en Springfield, Misuri, casa que muchos de los vecinos ayudaron a construir para los damnificados del huracán Katrina. La casa es de un piso y tiene en su entrada una rampa para silla de ruedas.

Y es que Dee Dee es una damnificada del huracán, y su hija Gypsy Rose ha sufrido toda su vida de tantos males, que su madre ya no puede ni enumerarlos: asma, leucemia, distrofia muscular: “todo lo que se te ocurra”, dice Dee Dee a sus vecinas. Gypsy no puede caminar, y su mente es la de una niña de 7 años, a pesar de tener 12. Tampoco puede comer normalmente porque se ahoga, tiene que ser alimentada mediante una sonda gástrica. Es de comprender que las vecinas sienten admiración por la entereza de Dee Dee, y lástima por la pobre Gypsy, pues según su madre, no vivirá por muchos años más.
El problema está en que todo lo anterior es falso de toda falsedad: ni son damnificadas de Katrina, ni Gypsy está enferma, ni tiene 12 años, ni está tarada, ni muchas cosas más. Pero Dee Dee es muy convincente, tanto, que ha convencido a su propia hija; o al menos lo hacía cuando era más pequeña. Ahora Gypsy es una adolescente que conforme va creciendo, trata de entender el mundo más allá de la sobreprotección de su madre, y quiere dar una probada de ese mundo. Quiere tener amigas, quiere tener novio, quiere probar el cupcake que tiene prohibido por su supuesta alergia al azúcar.

En la lucha de poderes que comienza a generarse, Dee Dee lleva las de ganar. Esta mujer representa una fuerza arrolladora con años de experiencia para moverlo todo a su conveniencia. El tener una hija tan enferma le ha traído infinitos beneficios: la simpatía de la gente, una casa bien chida, generosas donaciones de gente bienintencionada, seguro médico de a gratis, apariciones en televisión… y más que nada, el poder que ejerce sobre su hija. Pero, ¿qué tal y Gypsy podría ser una fuerza todavía más arrolladora? Al fin y al cabo, ha aprendido de la mejor. Al tiempo que se va cansando de ser alimentada mediante sonda, al tiempo que se aburre de ser una Princesa Disney, al tiempo que despierta su natural impulso sexual, y mientras genera una rebeldía y una rabia ciega hacia su madre envejecida, debilitada por la enfermedad e inmersa en una soledad autoinfligida, Dee Dee podría caer víctima de aquello que ella misma originó. Dee Dee Blanchard comienza a temer a su hija, y con razón.
Comadritas y compadritos, cómo me gustaría hablar más sobre esta historia, pero no quiero revelar más porque la idea es motivarlos a verla, no decirles todo lo que pasa. Sólo diré algunos detalles sobre la producción, para que se den una idea. La serie está escrita y dirigida por varias personas, pero transcurre de forma tan natural, que no sientes cambio alguno en la dirección. Evidentemente, los asesores técnicos en materia de psicología dieron en el clavo al contar una historia que no sólo se enfoca, como dije anteriormente, en la etiqueta de “típico caso de Munchhausen por poder”, sino que muestra todos los aspectos y todas las complejidades de un caso en el que la voz de todos los implicados, por muy breve que sea su tiempo en pantalla, es escuchada y tomada en cuenta, ya sea que los comprendas o no, y te caigan bien o mal. Pero curiosamente llega un momento en que esos mismos implicados, incluyendo a la que ves como a una méndiga vieja arrabalera y aprovechada, con una hija semi-prisionera y utilizada para sus egoístas fines, te llegan a generar compasión. A eso le llamo un buen desarrollo de personajes.
En cuanto a las actuaciones: en un principio me resistí a ver esta miniserie porque no trago a Patricia Arquette. No sé qué poder tiene el clan de la familia Arquette en Hollywood, pero a pesar de gozar de mediano talento, siempre están en todo. Patricia Arquette obtuvo el Óscar menos merecido de la historia por la aburridísima película “Boyhood”, con una actuación deplorable, y la seguimos viendo en pantalla como si en verdad fuera tan estupenda. Sin embargo, admito que aquí sí le echó ganitas y está excepcional en el multifacético personaje de Dee Dee; aumentar de peso y mostrarse con las greñas por ningún lado contribuyó en gran parte a hacer un trabajo convincente como Dee Dee Blanchard.

Pero en mi opinión, las palmas se las lleva Joey King. Neta que esta chavita se mete en serio en las múltiples etapas de Gypsy Rose, sea como adolescente desvalida con voz de pito, o como Princesa Disney, o como Princesa Orate. Su Gypsy te hará llorar y
también te dejará helada. El que por este papel haya obtenido únicamente nominaciones a premios sin haber ganado ni uno (pero Patricia Arquette sí, por ser del clan Arquette), es algo que no me puedo explicar. Ojalá que esta talentosa chica se aleje de mugres como “El stand de los besos”, que espero no vean en Netflix, y que mejor siga interpretando papeles tan exigentes como el de Gypsy Rose, tan lleno de matices y contradicciones, porque tiene el talento para esto y para mucho más.

También tenemos breves apariciones de actores de primera que contribuyen a darle peso al drama, como Chloë Sevigny, Dean Norris, Denitra Isler, Margo Martindale, Juliette Lewis, e incluso aparece en un capítulo Adam Arkin, talentoso hijo del veterano Alan Arkin, y quien también dirige uno de los capítulos. Pero especial mención merece el joven Calum Worthy, como Nick Godejohn, el fatídico galán de Gypsy. A pesar de lo horrendo de sus actos, después de conocer un poco de su historia, aún sin mucho detalle, en un momento dado no puedes más que sentir lástima por él. Y sí, en parte es por su actuación, pero en parte también es por el ya mencionado buen desarrollo de los personajes. Ojalá también sigamos viendo a este chavo en producciones igual de buenas.
No quiero dejar de mencionar el excelente manejo de cámara, que sin ser Lubezki, sí nos sumerge en el reducido mundo de Gypsy, para quien el voluminoso cuerpo de Dee Dee representa un objeto cuasi omnipresente que se interpone entre su mundito de princesas Disney y el mundo exterior, y del cual no se podrá librar a menos que tome medidas extremas.
Tengo un único ‘pero’ con esta impecable producción: después de lo visto a lo largo de toda la serie, el final se me antojó un tanto anticlimático, ya que se nos muestra algo que, de alguna forma, ya sabíamos. Hubiera preferido ver en esos minutos en pantalla más detalles del juicio derivado de la tragedia. Pero también entiendo que no se pueden hablar de ciertos detalles para no afectar el proceso judicial de muchos de los implicados, sobre todo el de Gypsy Rose. Y en todo caso, ese final tiene un significado que, si estás tan inmerso en la psicología forense como yo, llegarás a comprender.

“The Act” fue presentada por el sitio de streaming Hulu, cuyas producciones puedes ver en México en canales de cable como AMC o Paramount. Si los tienes, con suerte podrás sintonizarla desde un principio, pero en mi opinión, los 79 pesitos que te cobra Starzplay valen la pena sólo por ver esta joya, aunque canceles la suscripción después de verla. Si te interesan los casos criminales, la psicología forense o el buen drama, por nada te puedes perder esta miniserie. Sólo una advertencia: en México, la clasificación es a partir de los 16 años, ya que contiene escenas de sexo y desnudos.
ACTUALIZACIÓN: Después de publicar esta reseña, encontré un documental en HBO sobre el caso, titulado "Madre Muerta y Querida". Es del año 2017, es decir, antes de producirse la miniserie, y en el documental puedes constatar el cuidado que tuvieron con muchos detalles. Es obvio que la serie no puede presentar al 100% todo lo que ocurrió. Pero con excepción de que en la serie se muestra muy poco de la verdadera relación que tenía Gypsy con su padre (como dije anteriormente, podría ser por cuestiones legales), la fidelidad de dichos detalles son incluso espeluznantes. Mi recomendación sería ver primero la miniserie y después el documental, pero ahí se los dejo a su elección, o más bien, como las vayan encontrando, pero en todo caso, creo que ambos se complementan perfectamente.




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