Reflexiones sobre “Los Expedientes Secretos X”
- Lu V.

- 8 ago 2020
- 7 min de lectura
Actualizado: 23 ago 2020

Me enamoré de ‘Los Expedientes’ desde el primer capítulo que vi. No me perdía un solo capítulo de las primeras temporadas. Pero conforme la serie se fue concentrando cada vez más en los extraterrestres, dejando de lado los demás fenómenos paranormales, conforme los dramones de telenovela iban aumentando en intensidad, y por último, cuando el papucho David Duchovny dejó la serie, la magia que sentía por la serie se fue esfumando hasta que la dejé por la paz. Ahora que recién subieron la serie completa en la plataforma de Amazon Prime, estoy determinada a verla completita, a ver si aguanto.

Cualquier cosa que se me ocurra escribir sobre “Los Expedientes Secretos X” seguramente no contribuirá en nada que los fans de hueso colorado no sepan, ni mucho menos a ganar adeptos: es una serie clásica que, o la viste y te gustó, o la viste y no te gustó. Pero veintitantos años después la vuelves a ver, y te gana la nostalgia. Voy apenas por la tercera temporada, pero con mi experiencia de vida no pude evitar recopilar un par de detalles que saltan a la vista. Esta lista debe ser tomada con humor, y si lo quieres, con cinismo (al igual que la serie entera, siento yo), pero igual y algunos puntos caerán en el ‘uy, esa no me la sabía’:
Todos odian al FBI, incluso los mismos del FBI.
Casi en cada capítulo, hay un vehículo destrozado, total o parcialmente. Y aún así, a Mulder y Scully les sueltan un coche nuevo por capítulo, como si fueran triciclos.
Dondequiera que vayan Mulder y Scully, llueve mucho.
Si del cielo caen de repente luces cegadoras, ya valió la cosa.
Por alguna razón, los teléfonos celulares de la época, aunque tuvieran que sacar la antena para contestar las llamadas, se veían más ‘cool’ que los de hoy en día. Y ya sea que estuvieran en medio del árido desierto, a 5 metros bajo tierra, siempre lograban que saliera la llamada. Eso me cuesta creer más que todos los alienígenas y fenómenos que presentaran.
Aunque también los vemos bien 'cool' salir del coche sin nada más que sus abrigos (porque al parecer siempre hace frío en donde estén), cuando entran a inspeccionar, de repente aparecen en sus manos unas linternas del tamaño de la batiseñal. ¿De dónde las sacaron?
Aunque se entiende perfectamente el concepto “Scully = escéptica / Mulder = creyente”, en algún momento alguno de los dos te va a desesperar con su rigidez. Hay capítulos en donde el fenómeno sobrenatural le está mordiendo el trasero a Scully, y ella sigue tan imparcial y científica. Y por el contrario, ves que Mulder cree hasta en Santa Claus y en la 4T, y no puedes evitar el ‘ashhhh!!’.
También desespera el hecho de que cada pedazo de evidencia que recogen, invariablemente se perderá y/o será destruida. Ya sea que se extravíe la bolsita en donde era transportada dicha evidencia, o que de plano se incendie el lugar donde se encontraba, toda evidencia se pierde. Y la pregunta del millón: si hay fuerzas tan poderosas en el gobierno gringo como para desaparecer objetos, ¿por qué no cortan a este par de tajo? Con tanto muertito en la serie, y con la facilidad con la que al parecer se pueden simular ‘accidentes’, Mulder y Scully no hubieran pasado del tercer capítulo.
La rapidez con la que transportan cadáveres para que Scully haga la autopsia correspondiente ya la querría nuestro gobierno para documentar casos de COVID-19. Es más, nuestro gobierno requiere urgentemente a un transportador como Mulder, y a una especialista en autopsias como Scully.
En lo concerniente a tácticas policiacas, Mulder está bien, pero bien güey. Todos se le escapan, en los interrogatorios los sospechosos le callan la boca, la pistola la trae de adorno… en todos esos asuntos, Scully siempre se lo lleva de calle. (El mismo David Duchovny lo admite en una entrevista, comentando que nunca comprendió por qué el FBI querría a un agente tan incapaz como Mulder, que en todo ese tiempo no había resuelto ni un solo caso).
No es ningún secreto que la tensión sexual entre Mulder y Scully fue uno de los factores determinantes para el tremendo éxito de la serie. Viendo con más detenimiento, 20 años después, caigo en la cuenta de que las tomas y los ángulos utilizados por la cámara fueron diseñadas con ese propósito. No importa que estén hablando sobre la probable existencia de garrapatas asesinas creadas en un laboratorio secreto del gobierno: los dos lo discuten a una distancia corporal que cualquier persona consideraría como una invasión a su espacio personal, y no se cansan de mirarse fijamente a los ojos. Ahí nos tenían a todos como mensos pegados a la tele para ver el tan ansiado picorete de un momento a otro, pero no se nos hizo sino hasta mucho después de aventarnos un montón de tortuosas temporadas.
Una buena parte de los capítulos de las primeras temporadas tienen calidad cinematográfica. Son una película en sí, y en buena parte, el CGI no envejeció nada. Así de buenos son.
Uno de mis hijos y yo nos habíamos propuesto ver la serie de principio al fin, pero a ambos nos está resultando difícil aventárnosla de maratón. Dos, tres, máximo cuatro capítulos al hilo, y ya quieres ver otra cosa, ya sea porque el capítulo es muy intenso, o al contrario, está aburrido, o el caso en turno contiene escenas que dan asquito. Pero sobre todo, la atmósfera se siente tan cargada, que no la aguantas por mucho tiempo. Definitivamente es una serie que fue hecha para ver un capítulo por semana.
Después del montón de gente que les dificulta su trabajo, de todo por lo que tienen que pasar para mantener que no cierren los expedientes X, incluyendo golpizas, secuestros y experiencias cercanas a la muerte, así como la pérdida de sus seres más queridos derivada de sus actividades como metiches profesionales, te preguntas por qué demonios quieren continuar en lo mismo. O son masoquistas, o les gusta demasiado trabajar juntos, o son adictos a la adrenalina, o un poco de todo eso. Yo que ellos, ya me hubiera dedicado a otra cosa mucho más tranquila y placentera. Vender esquites con tuétano en el Eje Central, o manejar un Uber, o tocar la marimba de puerta en puerta, por ejemplo.
La serie original, con sus actores principales en sus años mozos, tuvo tanto éxito, que 20 años después, cuando se anunciaron nuevas temporadas, tuvieron una acogida excepcional. Si en estos días de COVID-19, a algún productor se le ocurriera revivir siquiera algunos cuantos capítulos, y le llegaran al precio a los dos protagonistas principales, ahí estaremos los fans ansiosos de ver a nuestros queridos Mulder y Scully.
El actor que fue contratado para suplir al personaje de Mulder, jamás pudo reemplazar la imagen del personaje, o lo que es lo mismo, la química entre Gillian Anderson y David Duchovny fue única.
Y ya no digo más para no spoilear la diversión.

Y ahora en el apartado “cosas que probablemente no sabías sobre ‘Los Expedientes X’ y que caen en chismes de lavadero para fangirlear”:
Entre la primera y la segunda temporada, Gillian Anderson quedó prendada de un fulano de la producción (técnico de sonido o qué sé yo), se casó con él, y procreó a un criatura, lo cual repercute grandemente en el rumbo que tomó la serie, ya que derivado de su embarazo y su consecuente ausencia en algunos capítulos, los guionistas escribieron la línea argumental en donde Scully es abducida por los aliens. Dicho matrimonio fracasó, y años después, Anderson se pasó un buen tiempo peleando la custodia del o la chamaca.
En aquella época se manejó mucho la supuesta enemistad que existía entre Gillian Anderson y David Duchovny en la vida real. Más de 20 años después, y con demasiadas muestras públicas de cariñito entre los dos, ambos confiesan que hubo momentos en los que no se llevaron muy bien, pero que no pasó a mayores. Gillian dijo en el programa de Larry King que por supuesto les afectó el pasar cada hora del día juntos, por siete años, pero que son momentos que pasan en cualquier relación.
Por el contrario, cuando filmaron las temporadas de “Los Nuevos Expedientes X”, cundieron los rumores de un supuesto romance, el cual ambos negaron, no muy convincentemente (ya que estamos en la sección del fangirleo, diré que en lo personal me parece que sí habrán tenido, digamos, su momentos romanticones. Es demasiado evidente. Seguramente Anderson y Duchovny están muy al pendiente de mis sospechas).
A diferencia de muchas estrellas de televisión, tanto Duchovny como Anderson continuaron con carreras sumamente exitosas: David, entre otras cosas, con su serie “Californication” (que nunca se me ha antojado ver, pero que igual y un día de estos me animo); Gillian, por su parte, es tan popular en el Reino Unido que no sabe qué hacer con tanta chamba por allá, sobre todo en TV y en teatro. Duchovny estuvo hace unos años en los encabezados de tabloides debido a su divorcio de la actriz Téa Leoni debido a su supuesta adicción al sexo, pero siento que eso contribuyó a aumentar su popularidad, más que a disminuirla. Y recientemente, con la apertura del canal del National Theatre en YouTube a raíz de la pandemia del COVID-19, tuve la oportunidad de ver a Gillian Anderson en la puesta en escena de 2014 de “Un Tranvía Llamado Deseo” como Blanche DuBois, por la que obtuvo críticas arrolladoras.
“Los Expedientes Secretos X” es una serie que significó algo muy especial para mí, en muchos sentidos, y por su aparición en Amazon Prime, me trajo muchos recuerdos placenteros, tanto dentro como fuera de la pantalla. A pesar de ser una serie que trata sobre fenómenos inexplicables, cuenta con muchos fans escépticos, entre los que me cuento yo. Quizá nuestro escepticismo es lo que nos mueve a verla, ya que la serie procura mantener, dentro de lo que cabe, el equilibrio entre lo inexplicable y lo científicamente comprobable. No es para todos, pero ha podido mantenerse vigente -y popular- hasta nuestros días gracias a su impecable producción, a guiones brillantemente estructurados, y a dos personajes cuyo magnetismo mantenían pegado al espectador a la pantalla de televisión, en espera de… algo. Algo terrenal, algo fuera de este mundo, o simplemente, algo. Algo que muchas series de hoy en día tratan de copiar, pero que no consiguen porque no tienen la fórmula exacta. Antes de que sintonices alguna serie de ciencia-ficción que te promete el cielo y las estrellas, te sugiero que veas primero “Los Expedientes Secretos X”. El riesgo que tomas, corre por mi cuenta.







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