Qué ver en la tele para que se te quiten las ganas de viajar en avión
- Lu V.

- 4 jul 2020
- 5 min de lectura

Ahora que el COVID-19 llegó para quedarse un buen tiempo, los viajes de placer tendrán que ser postergados por meses e incluso años. Y eso está bien, después de todo, lo principal es proteger nuestra salud y la de los demás. Pero si por ahí te entra la nostalgia de volar grandes distancias, aquí tengo unas buenas opciones que, sin ser la neta del planeta, son entretenidas y te dejarán con la sensación de que quedarte aplastado en el sillón de tu casa viendo tele no es tan mala idea.
Amazon Prime estrenó hace unos días “7500” (2019), una producción multinacional de apenas horita y media que se te van como el agua. Joseph Gordon-Levitt interpreta al co-piloto norteamericano Tobias Ellis, quien se prepara junto con el capitán alemán Michael Lutzmann (Carlo Kitzlinger) para iniciar un vuelo con ruta Berlín-París. En las últimas etapas del despegue (y después de mucho chit-chat que contribuye al desarrollo de los personajes), la sobrecargo entra a la cabina para llevar bebidas a los pilotos, cuando de repente se escuchan golpes y gritos: el avión ha sido secuestrado, y hombres armados con… botellas rotas, intentan irrumpir en la cabina. Sólo uno de ellos lo logra, hiriendo de gravedad al piloto. Después de un feroz forcejeo donde también es herido, el joven Tobias logra cerrar la cabina y someter al secuestrador.
Toda la acción sucede desde la cabina, la cual cuenta con un pequeño monitor en donde se puede ver lo que pasa del otro lado de la puerta de la cabina, puerta que los terroristas golpean sin cesar, ordenando a Tobias a que la abra. Pero en una época en la cual los secuestros de aviones no sólo tienen la función de servir como medio de transporte tomado por la fuerza, sino que el aparato mismo se convierte en una poderosa arma de destrucción a gran escala, los pilotos tienen terminantemente prohibido abrir la puerta. Y también es lógico: ¿para qué querrían unos fulanos tomar la cabina de mando si no es para pilotear la aeronave ellos mismos y estrellarla en el lugar de su elección?

Son momentos tensos en los que Tobias debe avisar sobre el secuestro (cuyo código de emergencia es ‘7500’), pilotear el avión estando medio herido, y más que nada, tomar decisiones harto difíciles que a momentos lo harán dudar de la mentada política de puerta cerrada. Y eso es todo, señoras y señores. Ya no digo más para no spoilear la peli, sólo diré que jamás vemos el resto del avión ni a la mayoría de los pasajeros y el resto de la tripulación.
Salvo el dramón que se desarrolla entre Tobias Ellis y Vedat (Omid Memar), el secuestrador más joven, el peso de la peli recae casi enteramente en los hombros de Gordon-Levitt. No sé por qué no ha pegado más este chavo, teniendo tan buenas películas en su haber, y si alguien dudaba de su talento, la desesperación y la impotencia que te hace sentir en intensos momentos de vida o muerte, te convencerá. Claro que la película tiene sus bemoles: a veces llega a desesperarte tanto diálogo, nunca queda claro por qué los terroristas escogen una de las rutas más vigiladas de la industria para hacer su burrada de secuestro, y no falta el cliché del ser querido del piloto a bordo del avión para subirle dos rayitas al drama. Pero con todo, “7500” está llena de acción. El reducido espacio que tenemos como escenario contribuye a dar una mayor sensación de claustrofobia a chorrocientos metros en el aire. No deja de ser película palomera, pero te tendrá al borde del asiento.
Por su parte, Netflix ofrece en su plataforma “El camino de la noche” (Into the Night, 2020), serie de producción belga con apenas seis capítulos de unos 30-40 minutos de duración cada uno, así que te la echas en tres patadas. Y es que también está repleta de acción, lo cual te hará querer seguir viendo lo que sucede en el siguiente capítulo. Y también trata de un avión, aunque la trama va por otro rumbo.

Es de noche, estamos en el aeropuerto de Bruselas, y después del check-in, los pasajeros se aprestan a abordar la aeronave. En pleno abordaje, un sujeto ve en la pantalla de un televisor en el aeropuerto una noticia bastante alarmante. En un aparente ataque de pánico, logra armarse, entrar a la fuerza al avión, someter a la tripulación y a los pocos pasajeros que ya abordaron, y a punta de arma semi-automática, obligar al piloto a despegar. Y no volar a Moscú, el destino original, sino hacia el lado opuesto.
Poco a poco nos vamos enterando de que un insólito fenómeno solar provoca la muerte de todo ser vivo que se encuentre en cualquier lugar iluminado por el sol. La única forma de sobrevivir es permaneciendo bajo el resguardo de la noche, por lo que el avión, con sus pocos pasajeros, pasarán por mil peripecias con tal de seguir vivitos y coleando en lo que obtienen más información sobre lo que sucede, y de ser posible, obtener ayuda desde tierra para saber qué más podrían hacer sin necesidad de vivir el resto de sus días volando por los aires.
Esto plantea muchas interrogantes que nunca son despejadas del todo, y también se presentan incoherencias en cuanto a rutas, zonas horarias, tiempos de vuelo y demás tecnicismos. Asimismo vemos los clásicos clichés de las películas de aviones, como el niño que está viajando porque necesita urgentemente un trasplante de algo, o una operación de algo, porque si no, se muere.

Y hablando de los personajes, ninguno de ellos te llega a caer del todo bien. Ni el niño enfermito, ni su mamá sobreprotectora, ni el piloto, ni la aeromoza, ni la monja juzgona, ni la escuincla ‘influencer’, ni el santurrón que nunca falta, ni el soldado italiano que tomó por fuerza el avión, ni el misterioso sujeto que tiene cara de malo, ni todos los demás, amén de que en medio de una crisis tremenda, crean situaciones de conflicto por demás inútiles. Pero los personajes están tan bien desarrollados, que aún sin que te caigan bien, llegas a conocerlos y a preocuparte por ellos. De hecho cada uno de los capítulos lleva el nombre de los principales protagonistas y te van presentando cortas retrospectivas sobre sus vidas antes del vuelo, lo cual contribuye a que te sientas identificado con tal o cual característica, y al mismo tiempo que sientas que vas viajando con ellos.
Sin afán de spoilear, diré que la serie en sí tiene un final bastante aceptable, pero también deja la puerta abierta para una o más temporadas adicionales. Esos son los finales que más me gustan, ya que si el final te deja satisfecho, no tienes que aventarte más temporadas que muchas veces sólo alargan la historia de oquis y que sólo te hacen más bolas. ¡Ay, si “Lost” se hubiera quedado en dos o tres temporadas bien pensadas!
Mitad ciencia-ficción, mitad acción y drama de aviación, “El camino de la noche” cuenta con buenas actuaciones y un montón de situaciones que hacen que la trama repleta de agujeros se te haga aceptable. Agarra un buen cacho del fin de semana para que te la eches de corridito, pues siento que está diseñada precisamente con ese fin.




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