“Monk”: Para maratonear en lo que se calma la pandemia
- Lu V.

- 23 ago 2020
- 7 min de lectura

Estamos pasando por momentos raros y difíciles. Cuando comenzó la contingencia, muchos pensamos que sería un poco como lo veíamos en películas: quedarnos encerrados por uno o dos meses con medidas de higiene y distancia social, para después de un tiempo razonable, volver a la normalidad. Pero pasó un mes, dos meses, tres, cuatro, y al parecer, así seguirá por un buen tiempo. Creo que aparte de la incertidumbre de cuánto durará esto y de temer a una enfermedad que en unos es inofensiva y en otros mortal, a todos nos ha afectado este encierro, incluso a mí, que soy una ermitaña de lo peor.
Así que más vale no desesperar, porque como dije, esto va para largo, y aprovechar al máximo la platita que gastamos en las opciones de streaming, en donde podemos encontrar series para todos los gustos. En lo personal me he acomodado más con Amazon Prime que con Netflix, pues tiene series más de mi gusto, algunas de las cuales había tenido la intención de ver desde hace años. Esta situación no me viene como anillo al dedo, como diría un cierto mono, pero al menos me permite ponerme al tanto en dichas series.
Antes de comenzar a hablar de “Monk”, quiero contar brevemente una historia sobre otra serie: hace kilos de años, como decía mi abuelita, teníamos en casa el servicio de Multivisión, en la cual podíamos ver un canal llamado USA. Una de mis series favoritas de ese canal era “Wings”, que en español titularon “Las Alas de Nantucket”, una sitcom sobre dos hermanos bien guapotes, carismáticos y chistosos. Ambos son aviadores y dueños de una pequeña aerolínea que contaba con sólo un avión para vuelos locales, desde la isla de Nantucket a lugares cercanos como Boston y Nueva York. Sin tener la fama y el éxito de “Friends”, “Frasier” o “Seinfeld”, esta serie hizo su luchita para sobrevivir ante tal competencia, y bajita la mano duró ocho temporadas, de 1990 a 1997 (más bien son siete y media temporadas, pues la primera sólo tuvo seis episodios).
El caso es que hace unos meses vi que en Amazon vendían la serie completa de “Wings” a un precio bastante razonable, la pedí, y pues ya me la eché completita. Está un poco más boba de lo que recuerdo, pero la disfruté inmensamente y me hizo recordar una época muy bonita de mi vida. De “Wings” salieron algunas estrellas de la TV gringa como Tim Daly, Steven Weber, Crystal Bernard, Amy Yasbek, y Thomas Haden Church, éste último con más éxito en el cine que en la tele. Hacia finales de la segunda temporada apareció uno de los personajes más chistosos de la serie: Antonio Scarpacci, interpretado por Tony Shalhoub. Lo que daba risa era su forma tan callada de expresarse, a veces sin moverse, con una sola mirada, o unas pocas palabras.

Es precisamente esa tranquila comicidad el sello distintivo de Tony Shalhoub; de todo el elenco de “Wings”, Shalhoub es quien ha tenido más éxito, y así calladito como lo ven, continúa disfrutando de un inmenso éxito. Al terminar “Wings” apareció en algunos filmes con pequeños papeles como en “Hombres de Negro”. Otras de sus pelis pasaron sin pena ni gloria, y algunas fueron francamente malas, como “13 Fantasmas”, hasta que en 2002 arranca la serie que lo lanzaría para siempre al estrellato: “Monk” la cual contó con ocho temporadas transmitidas de 2002 a 2009.

Adrian Monk es un ex-detective de la policía de San Francisco. Era bueno en su trabajo y estaba felizmente casado, hasta que su esposa muere por una explosión en su automóvil (¿les suena un poco a “The Mentalist”?). Monk sospecha que la bomba estaba destinada para él, y el dolor y la culpa provocan un colapso mental que lo hace encerrarse en su casa por tres años y medio. Es con la ayuda de su psiquiatra y de una ex-enfermera que contrata como asistente que se anima poco a poco a salir de su cascarón.

Resulta que Adrian Monk es un investigador brillante, con aptitudes dignas de Sherlock Holmes, por lo que su antiguo jefe decide echarle la mano y lo contrata como investigador independiente para asistirlo en los casos más difíciles. Como es de esperarse, es Monk quien siempre resuelve los casos. El problema es que si bien siempre fue rarito, ahora es un caso extremo de TOC (Trastorno Obsesivo-Compulsivo), aparte de padecer germofobia y un sinfin de otras fobias. Sus manías y obsesiones vuelven locos a todos, incluso a él mismo, y es el principal obstáculo para volver a ser parte la de la fuerza policíaca de su ciudad.
Como ven, la premisa es más o menos la misma que todas las series de misterio de esa línea. Los casos que se presentan, y que él resuelve a pesar de sus limitaciones, son similares, e igual de jalados de los pelos, a los que verás en “Bones”, “Castle”, o “The Mentalist”, cuyos personajes principales tienen alguna peculiaridad que los hace ser solitarios (pero de alguna forma también divertidos), y eso sí, son lo mejor de lo mejor en su campo, y siempre son ellos quienes directa o indirectamente resuelven el caso.
En los años en que se estrenó, la serie fue televisada en algún canal de cable que ya no recuerdo, pero su premisa nunca me llamó la atención, y una vez que comencé a ver un episodio por el solo hecho de ser Tony Shalhoub, me desesperó tanto su personaje, que ni siquiera terminé de verlo. Pero después de la nostalgia que me provocó “Wings”, y por esto de tener más tiempo para ver la tele (y la encontré en Amazon Prime), le di otro chance, y resulta que es sorprendentemente entretenida.

Por “Monk”, Tony Shalhoub se hizo acreedor a un Globo de Oro y tres Emmys, pero aquí una aclaración: todos estos premios los ganó en la categoría de actor en una serie de comedia. “Monk”, por tanto, debe verse como, digamos, misterio con comedia. Es por eso que en la serie abundan los chistoretes y las situaciones exageradas. Creo que lo que más me gusta es precisamente que no se toma demasiado en serio, y cuando se presentan situaciones dramáticas, siempre hay algo que la mantiene ligera y de fácil digestión. En cierto sentido, me recuerda a esos tiempos en los que las series se hacían para relajarte al llegar a casa después de un día de trabajo (que es, en mi opinión, para lo que fue hecha la tele).
Las idiosincrasias del personaje es algo que aceptas o no: si a las primeras de cambio te desespera, esta serie no es para ti. A veces llega a caerme gordo, lo reconozco, pero a veces la escena está tan bien montada que da mucha risa. Y como dije anteriormente, la comicidad de Tony Shalhoub radica en lo mucho que transmite con pocos movimientos; no es un comediante como Jim Carrey, que es todo gestos y movimientos. Shalhoub, en cambio, es una cierta refinación que sólo se percibe si pones mucha atención. En una entrevista reciente, su colega de “Wings” Steven Weber comenta, con admiración, que Shalhoub posee una cierta característica que Weber denomina como “peterselleresque”, refiriéndose al tipo de comedia que veíamos en comediantes como Peter Sellers. Creo que es una comparación bastante acertada, aunque siento que Tony Shalhoub tiene un estilo muy particular que no es copiado de nadie. Tanto en la comedia como en el drama (como vemos, por ejemplo, en un capítulo de “Los Expedientes Secretos X”), la actuación de Tony se percibe como natural, porque es un actor nato.

Además del propio Shalhoub (de origen libanés, de ahí el apellido), el reparto de apoyo en “Monk” contribuyó en mucho a mantener la serie por ocho temporadas: está la sufrida asistente Sharona Fleming, interpretada por Bitty Schram, de apariencia medio equis, pero que por dos temporadas y media debe estar disponible en todo momento para asistir a su estrafalario jefe (se dice que la actriz dejó la serie por una disputa salarial, y todavía no he llegado a los capítulos con quien será su suplente hasta el final); también está por ahí un atarantado joven detective interpretado por el ojón Jason Gray-Standorf.
Y está el capitán de la policía y ex-jefe de Monk, Leland Stottlmeyer, interpretado por Ted Levine. Levine es de esos actores que por ser de carácter, pasan desapercibidos en el mundillo de Hollywood. Pero seguramente muchos lo recordarán por ser

uno de los personajes más infames en la historia del cine: Bufalo Bill, el desquiciado asesino en serie que baila desnudo frente a un espejo en “El Silencio de los Inocentes”. Pues bien, Ted Levine, como el capitán Stottlmeyer, es el personaje más chistoso de la serie después de Monk, si no es que a veces se la gana. Levine también posee esa comicidad seca y seria que combina a la perfección con Shalhoub.

A raíz de la pandemia, se han puesto de moda los videos de los castings de series antiguas que se reúnen después de muchos años en Zoom, con el fin de recaudar fondos para tal o cual asociación. “Monk” no fue la excepción, y en YouTube circula el video con Shalhoub, Levine, Gray-Standorf y Traylor Howard (la suplente de Bitty Schram) en un divertido videochat. Al final, Shalhoub reveló que tanto él como su querida esposa Brooke Adams (actriz ochentera conocida por la película “La Zona Muerta”, basada en la historia de Stephen King), enfermaron de COVID-19. Por fortuna, ambos se encuentran bien, y Shalhoub comenta divertido que en estos tiempos, con todas las medidas de higiene, literalmente “todos somos un poco Monk”.
Aparte de sus trabajos en teatro (por los que ha sido nominado en múltiples ocasiones a sus tocayos premios Tony), se puede ver a Tony Shalhoub en la serie “The Marvellous Mrs. Maisel”, por la cual también ya se llevó sus buenas nominaciones tanto al Emmy como al Globo de Oro. Éste es un actor de calidad, éste es un actor de los buenos, y para mí ha sido una delicia poder disfrutarlo en sus diversos trabajos. No les digo que vean “Wings” porque en verdad es un relajito conseguir la serie, pero si pueden ver “Monk” en Amazon Prime, se llevarán una grata sorpresa. Les aseguro que sin mayores pretensiones ni pretender ser la neta del planeta, los días de pandemia serán un tanto cuanto más llevaderos.




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