“El cuento de la criada”: Mejor de lo que esperaba, pero pesada y deprimente
- Lu V.

- 13 dic 2020
- 9 min de lectura

Me ha pasado en varias ocasiones que me resisto a ver una serie o película porque siento que podría ir en contra de mis principios o creencias, o simplemente porque se nota que son una jalada. Por ejemplo, no quise ver “Friends” por mucho tiempo porque se me hacía muy fresa y sangrona. Y efectivamente, es muy fresa y sangrona, pero la terminé amando con locura, quizá porque, a final de cuentas, yo misma soy una fresa y sangrona que se siente identificada con las situaciones que ahí se retratan (y porque me hace reír mucho). Otra de esas series fue “Breaking Bad”. Tampoco la vi en su tiempo, hasta que la subieron entera en Netflix, porque se me hacía que era una glorificación al narcotráfico, pero si bien no es exactamente lo contrario, sí te muestra que el mundo de los narcos es feo y ruin, y que el crimen en ocasiones sí se castiga, en una serie inteligente, con personajes harto interesantes, actuaciones impecables -sobre todo de Bryan Cranston-, y un final extraordinario (igual y algún día haré una reseña, aunque ya la vieron todos).
La más reciente de esas series es “El cuento de la criada” (The Handmaid’s Tale, 2017). Mi principal objeción para verla reside en el hecho de que se me hacía como una apología a la división entre hombres y mujeres: mostrar a toditos los hombres como unos malditos machos represores y a toditas las mujeres como pobres víctimas es algo que siento es lo que menos necesita el mundo, pues puede llegar incluso a fomentar el odio entre los sexos en lugar de trabajar todos juntos hacia un bien común.
Me animé a verla en parte porque hace tiempo me eché en Netflix la miniserie canadiense “Alias Grace” (2017), que está ambientada en el siglo 19, está basada en hechos reales, y trata sobre una chica que es analizada por un psiquiatra, años después de haber sido acusada y condenada por haber asesinado a su patrón y al ama de llaves de la misma casa, para determinar si puede argumentar locura temporal y obtener el perdón del estado. Es una buena serie y la historia se me hizo muy interesante, pues al igual que muestra una protagonista con los más diversos matices, retrata un mundo inmerso en creencias religiosas donde las mujeres son castigadas severamente por la más mínima falta y que facilitan situaciones como la vivida por Grace. El caso es que esta serie está basada en el libro del mismo nombre de la escritora canadiense Margaret Atwood, quien resulta ser también autora de “El cuento de la criada”, así que dije, ‘si esta señora pudo escribir una historia buena, con un personaje principal tan ambiguo, puede que “El cuento…” no se limite a una guerra de sexos’.
(La otra razón por la que la vi es porque TotalPlay me regaló en la suscripción unos meses de Fox Premium, donde encontré la serie, y pues a aprovechar se ha dicho).
No puedo decir que estoy gratamente sorprendida porque “El cuento de la criada”, efectivamente, contiene bastante del ‘maldito macho opresor vs. pobre víctima oprimida’ que mencioné al principio (sobre todo a partir de la segunda temporada); aparte, es sombría como la fregada. Pero con todo eso, y las cositas que iré mencionando, la puedo clasificar como recomendable.
En un futuro distópico más cercano que lejano, el mundo entero está tan contaminado, que buena parte de las mujeres han quedado estériles, y muchos de los bebés que sí nacen, mueren al poco tiempo. Los gobiernos ya no saben qué hacer para evitar la inminente desaparición de su población. Mientras, en los Estados Unidos de América, un grupo con ideas basadas en las religiones protestantes tiene una solución bastante radical: aumentar la tasa de nacimientos mediante la desaparición de la democracia para establecer un gobierno teocrático totalitario. El presidente, junto con el congreso, han sido derrocados por un golpe de estado que instaura una jerarquía de poderes y con métodos tan brutales que pondrían al talibán verde de envidia.

El país (o una parte de él) ahora se llama Gilead, y cientos de miles de familias son separadas a la fuerza para utilizar a sus mujeres prácticamente como esclavas. A las que bien les va, se les asignan tareas como empleadas domésticas, sin importar que anteriormente hayan sido exitosas profesionistas. Las todavía menos afortunadas son aquellas que han tenido hijos anteriormente (y por tanto, demuestran ser fértiles) y aparte cometieron, a los ojos del actual gobierno, alguna transgresión moral, como infidelidad o lesbianismo. Estas chavas son ahora utilizadas como incubadoras humanas: son destinadas, a fuerza de mandarriazos y mutilaciones corporales, a vivir en casa de algún alto mando (“comandantes”) para ser violadas rutinariamente por el señor de la casa, en una bizarra ceremonia en donde la esposa está presente, con el único fin de procrear. Una vez nacido el retoño producto de la fertilización, éste pasa a ser hijo o hija del comandante y su esposa, y la ‘handmaid’ es asignada a otra casa para repetir el proceso. Las chicas, por supuesto, se defienden con todo su ser de tan brutal destino, pero es que su captura y los castigos a los cuales son sometidas son muy gachos: a las contestonas se les castiga quitándoles un ojo; a las que leen, un dedo; a las que dan mucha lata, la mano entera, y así sucesivamente. También por ahí tienen unas ‘colonias’ de trabajos forzados en los lugares de mayor toxicidad ambiental, similares a los campos de concentración nazis, sólo más feos.

Pero este mundo no condena únicamente a las mujeres a una vida de sumisión: el homosexualismo está prohibido, al igual que la práctica de otras religiones, el aborto, y quién sabe cuánto más. Quienes sean sorprendidos cometiendo alguno de estos ‘delitos’ son ahorcados en público, al igual que todo aquél que sea sorprendido intentando escapar. Asimismo, este gobierno no sólo es producto de los malditos machos opresores, sino también de muchas mujeres que actúan ya sea como matronas de las criadas, o como esposas de los altos mandos que tratan a sus ‘handmaids’ con crueldad, o simplemente se limitan a mirar para el otro lado.
Esto es lo que hace interesante a la serie, ya que tanto hombres como mujeres son capaces de los actos más infames, y tampoco es nada más mala onda en contra de las mujeres, sino contra todo lo que no es considerado sagrado o que atenta a los valores que debe seguir la familia digna y ejemplar. Obviamente, en este mundo tan aparentemente puro y lleno de rezos abundan la hipocresía, el tráfico de influencias y el crimen disfrazado de justicia.

La historia es contada por una de estas ‘handmaids’: Offred, o Defred en español, cuyo nombre verdadero es June; pero es que ahora estas chicas, además de tener que portar la infame vestimenta roja con la capucha que no les permite ver más allá del suelo donde caminan, deben cambiar su nombre por el de su comandante. Así, el comandante de June se llama Fred, por lo que ahora pasa a ser parte de él, o sea, ‘de Fred’. La handmaid del gobernador Glenn se llama Ofglenn; la de John, Ofjohn, y así. El caso es que Offred / June solía ser, apenas tres años atrás, una mujer felizmente casada y madre de una hija, y a lo largo de la serie vamos conociendo su vida pasada, y cómo va sobrellevando un presente triste, peligroso e incierto, lejos de su amada hija, a quien se propone recuperar a toda costa.

Al mismo tiempo se nos presentan flashbacks de sus ‘amos’, quienes jugaron un papel importante en el establecimiento del duro régimen: Fred, un atractivo hombre con barba tipo Maximiliano de Habsburgo, y por lo tanto se siente emperador el pobre güey, que le saca el máximo provecho a la situación; mientras tanto su esposa Serena, anteriormente escritora, política y acérrima defensora (y fundadora) de la teocracia, observa cómo le sale el tiro por la culata, pues como mujer debe aceptar sin chistar las limitaciones que también le son impuestas, como no tener permitido leer, o estar presente mientras su marido se está echando a la criada una vez al mes.

También se nos presentan otros personajes, como algunas de compañeras de Offred, el esposo en su anterior vida, el chofer de la casa del comandante, con quien ella sostiene una relación complicada y que resulta ser un espía que colabora esporádicamente para la todavía débil resistencia, y de otros personajes de mayor o menor importancia, pero que en suma contribuyen al buen desarrollo de la historia.
Hasta este momento van tres temporadas de 12 ó 13 capítulos de una hora, y la grabación de la cuarta temporada tuvo que ser suspendida debido al confinamiento por el COVID. Ahora lo malo: a pesar de que abundan las escenas impactantes, la serie con frecuencia se vuelve tediosa. Abusan de larguísimos primeros planos, al igual que escenas en cámara lenta y diálogos que no llevan a nada, siento yo que con el único fin de alargar la serie. Elisabeth Moss (también productora y directora de varios capítulos de la cuarta temporada momentáneamente en pausa) como Offred está como que ni mandada a hacer para el personaje, pero ver cada tres minutos la pantalla completa con su cara enojada / triste / desesperada / pasmada / burlona / o raramente alegre, sí llega a cansar.
La primera temporada cubre la totalidad del libro de Margaret Atwood y culmina en un final ambiguo, pero bastante satisfactorio, y si sientes que ya sufriste lo suficiente con la pobre Offred / June, puedes dejarla ahí sin problemas. La segunda temporada, igual de lenta, cae en algunas situaciones que ya se antojan inverosímiles, y en la tercera, la compasión que sentías por Offred / June se va desvaneciendo conforme ves que en el fondo o le gusta el drama, o tiene síndrome de mártir. De hecho, siento que muchos de los personajes secundarios, si no son más fuertes, sí parecen ser más inteligentes y toman mejores decisiones tanto para su bienestar, como para organizar desde afuera la inevitable rebelión que se le viene a Gilead.

Otra de las cosas que no tiene sentido es el poco uso de la tecnología de la actualidad en Gilead. Esto era válido en 1985, año en el que fue publicado el libro, pero hoy en día se antoja absurdo que por más oscurantista que sea el nuevo gobierno, de repente desaparezca el uso cotidiano de celulares, computadoras, internet y muchas otras innovaciones. Por ejemplo, ¿por qué tienen a decenas de guardias apostados en cada cuadra, si en su lugar podrían instalar decenas de cámaras de seguridad que podrían ser vigiladas por un solo guardia? Además, los primeros en sacar a patadas al régimen totalitario serían las compañías de telefonía celular, la industria del entretenimiento, y en general toda la infraestructura sobre la que se basa la felicidad del país más capitalista del mundo. ¿A poco nada más así se resignaron a perder su dominio?

Y una última cosa que me parece ilógica: para ser una sociedad que considera a las mujeres, los homosexuales y a muchos otros grupos como de segunda categoría, la tolerancia hacia las personas de color y los matrimonios interraciales parece ser desproporcionadamente alta. Leí que Atwood sostuvo largas pláticas con los guionistas sobre este punto, ya que en su libro también los de raza negra la pasan ídem, y es de hecho un problema de mucha actualidad dado el número de incidentes raciales allá con nuestros vecinos del norte. Al parecer los guionistas le ganaron a Atwood, así como para que se les considere inclusivos y políticamente correctos, irónicamente, al retratar un mundo que es todo lo contrario a lo políticamente correcto. En fin...
Con todo, siento que mínimo deberías darle chance a la primera temporada. Las actuaciones son de primera, la producción es impecable, es visualmente impactante, y ha ganado numerosos premios por su calidad. La música está ¡genial! Muchas rolas antigüitas, de las que a mí me gustan, y hace poco encontré en Spotify una playlist con las canciones que contribuyen a darle peso a la historia y la ambientación.

Por lo demás, siento que toca fibras sensibles en lo que se refiere al potencial riesgo de permitir, poco a poco y sin darnos cuenta, el surgimiento de ideologías disfrazadas de bienestar, pero que a final de cuentas sólo pretenden despojar de los derechos más básicos al pueblo con el fin de satisfacer intereses personales.

Si lo que quieres es un rato de sana diversión, mejor deja “El cuento de la criada” para cuando te sientas con ganas de sufrir. De hecho, Joseph Fiennes, quien interpreta brillantemente al desalmado Fred, pero que en la vida real es un pan de dulce, confiesa que su esposa nunca ha visto la serie ni la verá; así es fuerte es su personaje, y así de impactante es la serie. Si lo que quieres es maratonear, tampoco creo conveniente ver más que uno o dos capítulos a la vez, porque de todos modos no vas a aguantar. Para eso mejor ve la ya mencionada “Alias Grace” en Netflix, que también es buena, pero más ágil y te la echas de volada.
Pero si lo que quieres es una serie que te ponga a pensar en lo que podría pasar si se dieran las condiciones para ello… recuerda que todavía a principios de año, una crisis como la del COVID 19 se nos antojaba como algo que sólo sucedía en las películas de ciencia-ficción. “El cuento de la criada” puede parecer extrema, pero tampoco está tan jalada de los pelos como para pensar que al menos algo que se le parezca sea tan impensable. O tan lejana en el futuro.





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